Mucho más allá de su función como contenedor y dosificador de un producto, al que debe además preservar de los efectos externos, el envase ejerce una relevante labor comunicadora de múltiples indicadores relativos a su contenido, como la calidad, el origen, los ingredientes o la marca. En un escenario en el que una referencia ha de competir con infinidad de artículos para ganarse la atención de un consumidor que dedica solo unos 25 segundos a tomar una decisión de compra, el envase debe cumplir un cometido primordial en la selección, el de transmitir de manera inmediata todos los valores posibles del producto para estimular la atención, persuadir, incitar y convencer al comprador.
