Conocer el producto, su origen, sus ingredientes, su valor nutricional o las condiciones de conservación ayuda a tomar decisiones conscientes sobre los alimentos que se compran y se consumen. Todo ello es posible gracias al etiquetado, la principal vía de comunicación entre los productores y los consumidores, y a la codificación, que garantiza la trazabilidad y el control de procesos en la producción y en la distribución.
