Durante décadas, las salsas ocuparon un lugar discreto dentro de la industria alimentaria. Eran un complemento, por ejemplo, el kétchup y las patatas fritas, la mayonesa de las ensaladillas, el tomate frito de la cocina en casa o la mostaza asociada al fast food. Sin embargo, en apenas quince años, el sector ha experimentado una transformación profunda. Hoy, las salsas ya no son un simple acompañamiento: se han convertido en un territorio estratégico donde convergen innovación, tendencias gastronómicas, salud, sostenibilidad y construcción de marca.
