El cambio climático está intensificando el calor extremo, con efectos graves sobre la salud. Las olas de calor aumentan la mortalidad y la morbilidad, afectando especialmente a los grupos vulnerables. El calor agrava enfermedades cardiovasculares, renales, mentales y respiratorias, e impacta más en contextos de pobreza energética y viviendas inadecuadas. Además, existen grandes desigualdades geográficas y sociales: quienes menos contribuyen al cambio climático suelen ser los más afectados. La adaptación puede reducir hasta el 80% de la mortalidad relacionada con el calor e incluye medidas fisiológicas, culturales, tecnológicas y políticas. Desde atención primaria se proponen estrategias a nivel individual, grupal, comunitario y político, enfocadas en identificar vulnerabilidades, educar, promover entornos saludables y exigir justicia climática. El abordaje debe ser integral, equitativo y transformador para enfrentar esta crisis sanitaria global.
