El dolor crónico constituye un problema sanitario de alta prevalencia y elevado impacto en discapacidad, calidad de vida y sostenibilidad del sistema sanitario. El paradigma biomédico reduccionista, centrado en la lesión tisular y la supresión farmacológica del síntoma, ha mostrado importantes limitaciones explicativas y terapéuticas, favoreciendo fenómenos de iatrogenia clínica, social y cultural. Mediante un análisis genealógico se examina la evolución histórica del concepto de dolor, desde el «dolor domesticado» premoderno hasta el «dolor salvaje» de la modernidad mecanicista. Se argumenta que la crisis actual del dolor crónico es fundamentalmente epistémica. La teoría de la compuerta y los modelos contemporáneos de sensibilización central permiten articular un paradigma más integrador, donde el dolor se entiende como experiencia compleja y modulable. En este marco, la atención primaria, desde la lógica del generalismo clínico y la longitudinalidad, emerge como el espacio estructural idóneo para redistribuir el poder epistémico y reorientar el abordaje hacia la funcionalidad, la autonomía y la calidad de vida.
