La alimentación es una actividad esencial para la supervivencia humana. Sin embargo, el patrón de consumo actual en los países enriquecidos contribuye al cambio climático y empeora la salud humana. El alto consumo de productos de origen animal, el desperdicio alimentario, el uso intensivo de fertilizantes en la agricultura y de antibióticos en la ganadería, y los disruptores endocrinos son algunos responsables. Así, la vulnerabilidad del sistema alimentario aumenta, con mayor perjuicio para la población más empobrecida.
Es necesario promover desde Atención primaria una transición hacia dietas más sostenibles, que suelen ser, a su vez, más saludables. Algunas recomendaciones que se pueden hacer desde las consultas son: prescribir una dieta planetaria, enseñar a leer etiquetas para elegir productos más saludables y sostenibles, consumir frutas y verduras de temporada, priorizar los productos locales, reducir el desperdicio alimentario y evitar los alimentos con disruptores endocrinos.
