El cultivo del pistacho sigue asombrando al mundo. No solo por su afán en infiltrarse en recetas, cocinas y fórmulas de la industria alimentaria de todo tipo –más allá del fenómeno del momento, el chocolate Dubái– sino muy especialmente por el latido convulso que vive su producción, expandiendo a un ritmo vertiginoso; y sufriendo en algunas partes del mundo, por culpa del estertor de la guerra de Irán –uno de los principales productores del mundo– y del tremendo bache que vive la producción de Turquía, otro de los gigantes del ‘oro verde’.
