
Contamos en primera persona lo que supone para un paciente de una enfermedad crónica e incurable, como es la psoriasis, participar en un ensayo clínico de un nuevo medicamento biológico, un inhibidor de la IL-17A. Tras más de dos décadas en las que esta patología no hacía más que avanzar, a la que se sumó la artritis psoriásica como comorbilidad, en estos momentos está ‘bloqueada’.