A la amplitud tradicional del campo de acción de la dermatología se suma hoy una nueva capacidad terapéutica. Los medicamentos biológicos, las terapias dirigidas y un mayor conocimiento de los mecanismos inmunológicos la impulsan. Patologías que durante décadas se abordaron desde el control sintomático se tratan ahora con objetivos más ambiciosos. La remisión sostenida y la mejora real de la calidad de vida forman ya parte del horizonte terapéutico.
